martes, 15 de octubre de 2013

Diez Estados de la Conciencia

Diez Estados de la Conciencia.


Diez Estados de la Conciencia


1 - Estado de Infierno.


conciencia


En primer lugar, está el estado de infierno. Proviene del término sánscrito naraka, que literalmente significa "prisión subterránea". En japonés contemporáneo existe una expresión, naraku, que significa "caer en el abismo" y reconoce este mismo origen. Está formado por dos ideogramas, que significan "tierra" y "prisión". La tierra alude al lugar más bajo, la prisión, a un estado de inmovilidad con grilletes.
El infierno es el estado de mayor sufrimiento, en el que el individuo se siente atado de pies y manos a su angustia y dolor. Aunque tiene diversos grados, en líneas generales se caracteriza porque el hecho de vivir es doloroso de por sí. Todo lo que uno ve acentúa su desdicha. Las personas en este estado tienen una fuerza vital extremadamente débil.
Nichiren Daishonin escribió: "La furia es el estado de infierno". La furia y la violencia se convierten en fuentes de autodestrucción. Aquellas personas que sufren debido a la discordia familiar, a la enfermedad o a los celos devoradores; como los que viven con el corazón agitado por la violencia entre cada cosa que motive su sufrimiento no pueden reconocer que la causa real de su angustia yace en su propia vida. Algunas personas dirigen esta furia contra sí mismas, ante su incapacidad de resolver ese sufrimiento que las consume. Podríamos decir que esta violencia impotente es el gemido desesperado de una vida que ha cerrado todas las rutas posibles.

2 - Estado de Hambre.


estados


El hambre es un estado gobernado por el apetito insaciable de comida, dinero, placer, poder, reconocimiento y fama. La vida, en esta condición, nunca se siente satisfecha de verdad. Nichiren explicó que el estado de hambre se caracteriza por la codicia. Los que viven en él son esclavos de sus deseos, esto les impide sentir libertad interior y les produce sufrimiento.
Los deseos del ser humano son ilimitados. Existe el deseo fundamental de vivir, el deseo instintivo de comer, el afán materialista de tener posesiones, el ansia psicológica de llamar la atención...No podríamos vivir sin deseos. En muchos casos, ellos son la energía que nos permite avanzar en pos de la autosuperación. Por eso se dice que "este camino está conectado con otros y conduce tanto al bien como al mal".
Por lo tanto, la cuestión es cómo usamos los deseos. Los que viven en estado de hambre no los emplean para crear valor; tiranizados de aquí y de allá por sus ansias, sufren y hacen daño a los demás.

3 - Estado de animalidad.


filosofia


En tercer lugar, está el estado de animalidad, o estado de los animales, en el cual predomina el instinto. Las personas en esta condición subjetiva, gobernadas por la ley de la selva, temen a los poderosos y desprecian a los débiles, de los cuales se aprovechan. Carecen de razón, moral o sabiduría con las cuales controlarse a sí mismas, por tal motivo, sus circunstancias inmediatas los dominan de tal manera, que pierden de vista los principios que subyacen a todas las cosas.
Nichiren explicó que el estado de animalidad se caracteriza por la estupidez.
Cuando los hombres no tienen un sólido parámetro para juzgar el bien y el mal, cuando carecen de una firma base ética o moral, actúan instintivamente y sin pudor. Podríamos decir que los que están en este estado, siendo humanos, han extraviado su humanidad.
Los estados de infierno, hambre y animalidad, colectivamente, son conocidos como "los tres malos caminos."

4 - Estado de Ira.[/b].


Sociedad

El nombre del cuarto estado en japonés, shura, deriva del término sánscrito asura. En la antigua India, los asuras originalmente eran una clase de deidades benevolentes. Pero en la mitología posterior, terminaron denotando un tipo de demonios beligerantes que luchan sin tregua contra las deidades.
El estado de ira se caracteriza por la perversidad y por una inclinación aduladora y retorcida, como las del que esconde sus verdaderos sentimientos y hace alarde de una falsa lealtad. Este estado, dominado por el yo inferior, a veces se llama "mundo de la animosidad", porque se caracteriza por una agresividad persistente, aunque no necesariamente abierta. Las personas en estado de ira, compelidas por la necesidad de ser superior a otros, fingen educación y hasta adulan a los demás, mientras que, interiormente, los desprecian.
La ira es, fundamentalmente, un estado de vida arrogante. Los hombres, en esta condición predominante, se apegan a la ilusión de que son mejores que los demás, y vuelcan toda su energía en sostener y fortalecer esta imagen. Para que otros tambi`´en vean esta fachada encantadora, jamás revelan sus verdaderos sentimientos.
Aunque actúan con bondad, la fuerza que los impulsa es el deseo devorador de superar a todos. Y como sus íntimos sentimientos no se condicen con su apariencia exterior, no se expresan honestamente.
Es una conducta más compleja que las personas en estado de infierno, hambre o animalidad. Por fuera, las personas en estado de ira se conducen como seres virtuosos y benevolentes, justos, decorosos, sabios y leales, intentan convencer a los demás de que estas son sus cualidades verdaderas. Hasta terminan creyendo en su propia virtud y se engañan pensando que son mejores que otros a causa de su "gran humildad."
El budismo enseña que nada importa tanto como el corazón. Dos personas podrán hacer un esfuerzo semejante, pero si una tiene motivaciones puramente egoístas y la otra actúa en pos de valores que trascienden el yo -el bien, la belleza o el bienestar de sus semejantes- el resultado será muy distinto.
Los estados de infierno, hambre, animalidad e ira se llaman, colectivamente, los "cuatro malos caminos."
¿Cómo se revierte la tendencia a la ira? Este es un punto de despegue para internarnos en el quinto estado, el de humanidad o el de los seres humanos. En última instancia, cuando aprendemos a canalizar en nuestra autodisciplina esa energía que antes poníamos en dominar a los demás, entramos en estado de humanidad.

5 - Estado de humanidad.


budismo


En el estado de humanidad, nos esforzamos por controlar nuestros deseos e impulsos mediante la razón. Aspiramos a un estado de vida más elevado, conscientes de que no basta con haber nacido como hombres, sino que la humanidad es una adquisición relacionada con el esfuerzo en pos de actuar en armonía con el medio circundante y con el resto de las personas.
Estrictamente hablando, el estado de humanidad es el primer paso para arribar al dominio del yo, cuya culminación se logra en los estados de bodhisattva (noveno) y de Budeidad (décimo). En sánscrito, al ser humano se lo define con el término de manusya, que significa "ser pensante". En consecuencia, el intelecto es la condición clave del estado de humanidad. Sin compararse con los demás, las personas en esta condición subjetiva siguen su propio camino.
Desde el punto de vista de la doctrina de los diez estados, el de humanidad se encuentra en el medio, apenas por encima de los cuatro malos caminos. Nichiren nos dice, reiteradamente, que ya que hemos tenido la extraordinaria fortuna de nacer como seres humanos, debemos tratar de consolidar un estado más elevado aún.
En el budismo, al cuerpo humano se lo llama "la vasija correcta de los caminos nobles"; es el vehículo de la Ley para llevar a cabo la práctica budista. Cuando llenamos esa vasija con la gran vida de la Budeidad, comprendemos el significado real de haber nacido como seres humanos.

6 - Estado de Éxtasis.


buda


El sexto estado es el de éxtasis, caracterizado por le intensa dicha o satisfacción que uno experimenta cuando, por ejemplo, obtiene algo material, físico o espiritual que ha deseado largamente, o cuando por fin concluye un prolongado sufrimiento.
Aunque intenso, el júbilo de este estado es fugaz y extremadamente vulnerable a las influencias externas.
La alegría del estado de éxtasis es efímera como un sueño o un espejismo. Una vida en pos de ilusiones es, también, una ilusión. El propósito de la práctica budista es establecer un estado de felicidad eternamente indestructible; no una dicha fugaz que perezca como una flor, sino un palacio interior de satisfacción profunda que perdure a través del tiempo. Este palacio de diamantes, esta torre de tesoros que se remonta a magníficas alturas, se construye mediante la fe y la práctica.

7 - Estado de Aprendizaje.


mente


En el séptimo estado, de aprendizaje, tomamos conciencia de la transitoriedad de las cosas y de la inestabilidad que caracteriza a los seis caminos.
Nos dedicamos a la transformación y al desarrollo personal, aprendiendo de las ideas de otras personas, y recurriendo a los conocimientos y experiencias ajenos. Suele decirse que este estado es el de los que "escuchan la voz", término que se aplicaba, originalmente, al los discípulos que escuchaban predicar al buda Shakyamuni en persona sobre las cuatro nobles verdades y que practicaban los ocho caminos para emanciparse de los deseos mundanos.

8 - Estado de Comprensión Intuitiva.


Paz


El octavo estado, de comprensión intuitiva, también es el de "los que tomaban conciencia de la causa". Es la condición típica de las personas que arriban a la comprensión de verdades budistas en forma independiente. Es un estado semejante al de aprendizaje, con la salvedad de que las personas no buscan la verdad mediante las enseñanzas de otros, sino a través de su percepción directa.
Juntos, los estados de aprendizaje y de aprendizaje y de comprensión intuitiva se denominan "dos vehículos." Las personas que viven en estos estados, habiendo comprendido la transitoriedad de todas las cosas, logran independizarse del apego al pasado y a sus nociones prefijadas. Ya no son funciones pasivas de su entorno, sino que buscan su autosuperación.
Están dispuestas a enfrentar de lleno la realidad de la muerte y a buscar lo eterno, a diferencia de las personas en estado de éxtasis, que eluden y esquivan las facetas duras de la realidad. Pero como aspecto negativo, las personas en los dos vehículos se inclinan más hacia el autoperfeccionamiento que hacia el altruismo.

9 - Estado de Bodhisattva..


nichiren


A diferencia de los dos vehículos, cuya característica es buscar el entendimiento teórico de la verdad universal, el noveno estado -de bodhisattva- se distingue por el amor compasivo y por el comportamiento abnegado y altruista.
Aunque las personas, en este estado, aspiran a lograr la iluminación suprema en beneficio de sí mismas, también están resueltas a que sus semejantes alcancen esta misma comprensión.
La palabra sánscrita bodhisattva se compone del término bodhi (iluminación), y de sattva (ser); denota a la persona que busca la iluminación pero, a la vez, conduce a otros a este gran anhelo.
Consciente de los lazos que los ligan con todo el mundo circundante, en estado de bodhisattva las personas sienten que cualquier felicidad que se limite a la esfera privada es parcial, y por ende, ilusoria. Así pues, se consagran a aliviar el sufrimiento del prójimo, aún a costa de la propia vida. Como afirmó Nichiren, "Alegría significa que se regocijan tanto uno como los demás."
Los estados que van desde el infierno hasta el de bodhisattva se conocen como los "nueve estados", ello alude a la condición no iluminada de las personas comunes, en oposición a los diez estados, que incluyen la Budeidad.

10 - Estado de Budeidad.


sabiruria


El décimo estado, el de budeidad, es de infinita benevolencia y amor compasivo, de una total e incorruptible pureza, y de absoluta libertad; en él, poseemos la sabiduría para reconocer la realidad última de nuestra vida.
Logramos este estado manifestando nuestra naturaleza de Buda inherente. Y, de acuerdo con las enseñanzas budistas, sólo cuando establecemos la Budeidad como base de nuestro ser podemos transformar completamente nuestra existencia y dirigir todas las actividades físicas y mentales de los nueve estados hacia metas altruistas y valiosas para la propia vida y la de los demás.
No obstante, la Budeidad, no es un estado separado de los sufrimientos e imperfecciones de la gente común. Manifestar la Budeidad no significa convertirnos en personas especiales. Seguimos esforzándonos por derrotar las funciones negativas de la vida y transformar todas las dificultades en causas de mayor desarrollo. La Budeidad es un estado de completo acceso a la sabiduría ilimitada, el amor compasivo, el coraje y otras cualidades intrínsecas de la vida; es una condición en que creamos armonía con los demás y junto a los demás, y en que también armonizamos con el mundo natural. Nichiren Daishonin explicó que la Budeidad era el estado de vida más difícil de constatar, pero también escribió: "Que las personas comunes nacidas en la última era puedan creer en el Sutra del loto se debe a que, en el mundo humano, existe el estado de la Budeidad."
àra dar una analogía, si comparamos la vida en los nueve estados con estar encerrados en una habitación, entonces vivir en estado de Budeidad sería como solazarnos al aire libre, en un diáfano día de sol. En los nueve estados, seguimos siendo parte del gran macrocosmos que es el estado de Budeidad. Aunque, en forma difusa, percibimos este aspecto eterno de nuestra vida, como estamos cerrados por dentro, rodeados por los gruesos muros de la ilusión, no podemos captar completamente nuestro verdadero entorno.
Cuando, mediante la fe, derribamos estas murallas, podemos disfrutar libremente del aire puro y de la luz brillante de la Ley Mística que impregna el Universo. Entonces, no hay diferencia entre estar en la habitación o estar fuera.
Hay algo profundo y místico sobre la función de nuestro estado de vida. La forma en que percibimos nuestra vida -nuestras impresiones del mundo circundante, tanto espacial como temporalmente- difieren según el estado de vida en que nos encontremos. Nos demos cuenta o no, ese estado determina en gran medida nuestras acciones, pensamientos, relaciones y caminos en la vida, así como nuestras emociones.
Por otro lado, el estado de vida no sólo es una propiedad del individuo, sino que las sociedades también lo poseen.
El budismo trasciende la raza, la etnia, el nivel académico o la posición social. Su mirada se orienta directamente al estado en que viven los seres humanos y en que se encuentra su corazón o ser interior. No son el poder ni la influencia lo que vuelven grande a un ser humano. La vida de muchos individuos poderosos está socavada por los estados de hambre y de animalidad. Por otro lado, hay personas anónimas y corrientes que viven en los felices estados de bodhisattva y de Budeidad.
Algo esencial en la doctrina de los diez estados es la inclinación compasiva y altruista de ayudar a las personas a cultivar su Budeidad intrínseca.
Aunque la dicha absoluta no implica la ausencia de problemas o de sufrimientos, si denota la posesión de una vitalidad sólida y vibrante y una abundante sabiduría para resistir y superar los obstáculos propios de la vida. Cuando uno desarrolla firmemente este estado interior, puede vivir con inamovible convicción. La Budeidad, asimismo, se caracteriza por un profundo sentimiento de amor compasivo hacia los demás, y de una sabiduría inagotable. Es verdad, todos los elementos que nos permiten vivir de manera auténticamente humana estan contenidas en el estado de Budeidad.
Al proceso por el cual uno abre y revela este estado supremo se lo llama "iluminación" o "lograr la Budeidad"; es el objetivo primordial de la práctica budista. Aun así, ésta no se agota en la búsqueda exclusiva de la iluminación personal. El budismo Mahayana postula la importancia de enseñar y alentar a los semejantes, para que cada persona también manifieste su iluminación y se consagre a la práctica de la Ley universal en unión con los demás. Hay, entonces, una práctica dirigida a la propia persona, y otra práctica orientada a beneficiar a los demás. Ambas facetas de la práctica budista son tan necesarias como las dos alas de un ave. Por lo tanto, la labor en bien de la sociedad y del medio ambiente deriva, naturalmente, del trabajo personal en pos de la Budeidad. Para esta filosofía, el sujeto y el ambiente son dos términos inseparables. Así pues, cuando un budista se esfuerza por lograr la iluminación, también trabaja por la paz y la prosperidad de su vecindario y de su país, o, mejor dicho, del mundo entero. El propósito básico con el cual se propaga el budismo en la sociedad es procurar la paz global y la prosperidad de todos los seres humanos. Desde esta óptica, el despliegue de la Budeidad latente no sólo resuelve la cuestión de los cuatro sufrimientos universales -el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte- sino también todas las demás aflicciones humanas.

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